lunes, 18 de enero de 2016

Cuando nos comentaba David que dijésemos lo que entendíamos como era una buena clase, a mí me vinieron estas preguntas a la cabeza antes de escribir nada:
¿Instructiva? ¿Interesante? ¿animada? ¿agradable?¿Entretenida?¿divertida?¿sorprendente?¿original?¿inolvidable?

Los docentes se han preguntado durante siglos cómo lograr “dar una buena clase”. Muchos libros de Metodología de la Enseñanza empleados en la formación de maestros y profesores presentaban planes de clase con el objetivo de que constituyeran modelos de buenas clases, para que sirvieran de ejemplo sobre cómo enseñar temas determinados y para ofrecer formas de organización que adiestraran a los futuros docentes en la planificación de sus clases. Esos modelos cambiaron en el transcurso del tiempo. No se encontró una única respuesta. No parece que exista el formato perfecto que asegure que la enseñanza va a ser exitosa y que todos los alumnos van a aprender lo que el docente quiere enseñarles. Podríamos preguntarnos, entonces ¿es que hay “buenas clases” que se diferencian de otras clases no tan buenas o de clases realmente malas? Es obvio que ninguna respuesta sería meramente descriptiva. La interpretación de lo bueno y de lo malo dependerá de lo que se defina como buena enseñanza y buen aprendizaje.

En términos muy generales podríamos definir una clase como un lapso establecido en el marco de un currículo y horario escolar en el que se presenta una secuencia de actividades del docente destinadas a orientar actividades de los alumnos que los conduzcan a lograr buenos aprendizajes. A diferencia de la más o menos mágica o racional piedra filosofal de la clase que durante mucho tiempo buscaron pedagogos, didáctas y profesores, hoy podemos afirmar que no hay un formato ideal para organizar una clase. Porque el formato depende de los fines propios que tiene la clase en una secuencia de clases que tienen un eje común y que, en conjunto, denominamos “unidad didáctica”. Lo que programamos no es nunca una clase, sino, primero, el curso completo, como totalidad y luego, en general cada una de las unidades. En ellas, encontramos la división de tiempo que denominamos ‘clase’. Una unidad podrá constar de una, dos o más clases y se caracteriza, como dijimos, por poseer un eje común. Es en la unidad donde encontramos presentes las distintas funciones didácticas. Las que, básicamente, correspondían a la motivación, presentación del tema, problema o proyecto, su desarrollo y aplicación, su síntesis y su evaluación.¿Pero solo basta con eso¿ y dejamos de lado el espíritu crítico y las discusiones de los alumnos con respecto a un tema?¿Solo prima los contenidos por encima de otros aspectos metodológicos?

Considero que por otro lado el profesor al comienzo de cada clase debería hacerse preguntas de este tipo: 

  • ¿Qué aporta esta clase?
  • ¿Qué quiero que se aprenda?
  • ¿Cómo se integra la clase en el todo?
  • ¿Qué posibilidades tienen los alumnos de darle significado a lo que se va a aprender?


debido a que los alumnos tienen que construir su aprendizaje en función de lo que los profesores esperan obtener de ellos. Es una cuestión importante ya que no solo se debe esforzar el profesor por llevar a cabo una buena clase sino también que el alumno se sienta como parte integradora del proceso de enseñanza aprendizaje y construya su aprendizaje en base a los demás compañeros. Por tanto, en líneas generales para que se dé una buena clase tienen que estar en estrecha relación profesor-alumno ya que no recae toda la atención en cómo planifica el profesor sus clases sino como el alumno responde a que las clases se lleven de una manera correcta. 
¿Pero que entendemos por correcto¿¿Aquello que es impuesto por el profesor? Muchas dudas quedan de cómo dar una buena clase pero si mostramos compromiso, paciencia y empeño de ambas partes lograremos llevar a cabo un buen proceso de enseñanza aprendizaje.


¿Estáis de acuerdo en estas cuestiones que se debe realizar cada profesor al inicio de cada clase? ¿Añadiríais otras de mayor relevancia que no las he tomado en cuenta para la consecución de una buena clase?

Muchas gracias

Un saludo

PALABRAS INTERESANTES...




Hola a todos!!

Antes de que de lugar el cierre de este primer cuatrimestre me gustaría compartir un poema y una cita que me parecen interesantes y, al menos a mi, me hacen reflexionar y dar sentido a aspectos que he ido explorando en esta asignatura, desde la concepción sobre la labor docente hasta sus consecuencias (entendiendo esta palabra no sólo en su aspecto negativo, sino como los frutos que puede llegar a dar) en el proceso de enseñanza-aprendizaje que nos involucra a todos, docentes y alumnos. En mi caso la cita me impactó, dado que pocas veces he preguntado la pregunta interesante; y si alguna vez la pensé, no fui capaz de transmitirla por miedo, vergüenza o porque no tenía cabida en aquel contexto. Quizás lo importante ya no solo sea fomentar la curiosidad y exploración, sino el hecho de hacer de la indagación algo normal y diario en los diferentes contextos.

Bueno, aquí os lo dejo y espero que os guste!

sábado, 16 de enero de 2016

El mejor profesor de España


Hola a todos, 

Siguiendo con la revisión de los conceptos que hasta ahora vamos viendo, y a nivel personal, la re-formulación de la idea preconcebida que yo tenía del docente y su práctica, continúo preguntándome cuál es la manera más coherente y comprometida de enseñar (y aprender) en base a mi propia visión epistemológica de la educación, y cuáles pueden ser sus carencias o puntos flacos para intentar enriquecerme de la que otros como yo se lo plantean.

En esta línea y casualmente, encontré en la web que este año pasado un profesional español de la educación fue seleccionado entre los mejores docentes del mundo, y comencé a indagar sobre qué aspectos se habrían valorado para considerar este grupo de docentes modelo, pero sobre todo cómo entendería el premiado la educación (y por tanto como la pondría en práctica) y la construcción o adquisición del conocimiento, cómo permanece y cómo se vincula con todos los otros aspectos de la vida.

Como ya hemos hecho otras veces a partir de las lecturas de Kegan, podríamos entrar en discusión en cuanto a la mención de "mejor", ya que habría que ver en profundidad el criterio seguido para valorarlo de esta manera, y ver si realmente hay un modelo único, absoluo y perfecto que seguir para realizar una buena labor docente (y volveríamos a entrar en debate sobre lo que es una "buena labor docente"). Pero independientemente de si estamos más o menos de acuerdo con la distinción de "mejor", creo que es interesante al menos para cuestionarse lo que otros consideran y entienden por buenas metodologías de enseñanza. 

Aquí tenéis un link a una entrevista que el diario Público le hizo el pasado noviembre a consecuencia del galardón:

http://www.publico.es/sociedad/cesar-bona-mejor-profesor-espana.html

Una de las cosas que César Bona, el profesor en cuestión, destaca cuando le preguntan acerca de su metodología es la empatía y el saber escuchar. A menudo en las entrevistas que ha participado se resalta también su capacidad de exploración, creatividad y experimentación (no tiene miedo de probar cosas nuevas para motivar al alumnado aunque él no sea un experto), su método abierto (en el cree necesario escapar de la programación encorsetada en ciertas ocasiones para responder mejor a las necesidades propias del alumnado), y su mente activa, así como su compromiso a seguir siempre aprendiendo. 

Algo que me pareció muy interesante es que para combatir el absentismo escolar propuso a sus alumnos que le enseñaran a tocar el cajón flamenco, asumiendo el rol del que aprende en lugar del que enseña, y posicionándose ante sus alumnos como un igual.

Merece la pena también echarle un vistazo a su opinión acerca de los planteamientos que recoge el borrador para el Libro Blanco de la Educación (que está realizando J.A. Marina); entre otros, el que contempla dar un incentivo económico a aquellos docentes que mejores resultados obtengan, o el que hace referencia a la creación de un "MIR" para profesores. 
A la pregunta "¿Por qué César Bona es el mejor profesor de España?", él mismo responde: “Yo no hago nada extraordinario; solo me divierto en clase”


En definitiva, creo que es interesante y que aporta más información a los temas que estamos viendo, al menos para ver cómo otros docentes se plantean y entienden la enseñanza y el aprendizaje.
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En La Aventura del Saber, programa de RTVE, le hicieron una breve entrevista que aunque de breve que es, quizá sea insuficiente para entender cómo trabaja y qué metodologías sigue, al menos da unas pinceladas sobre quién es. Para tener una visión más detallada, en el segundo link la podéis encontrar. Merece la pena leer sus comentarios. 

http://www.rtve.es/rtve/20150915/quien-cesar-bona-mejor-maestro-espana/1219502.shtml
http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-aventura-del-saber/aventuracesarbona/3305582/


Espero que os resulte interesante y siga motivando el debate.
Un saludo

jueves, 14 de enero de 2016

Una buena clase

Hola a todos.
Tras leer las últimas aportaciones de los compañeros acerca de la actividad propuesta por David en este blog en relación a la complejidad de determinadas perspectivas sobre lo que entendemos por “una buena clase”, he decidido aportar mis ideas al respecto. Puesto que ya se ha escrito mucho sobre el tema, voy a intentar darle un enfoque ser breve, confiando en que mi enfoque añada información relevante al caso. Para ello me he basado con las fases de evolución de los estudiantes y profesores de Perry (1979) y Kegan (1994), por lo que he categorizado a los alumnos en cada una de estas etapas, determinando así indirectamente su nivel de complejidad.
DUALISMO
Alumno 1: Las palabras de este alumno me hacen inferir que se encuentra en el primer nivel de este continuo, pues concibe el aprendizaje como un proceso de transmisión de información del docente al estudiante, y que además esta información es verídica de por sí y no ha lugar a debate alguno. El saber proviene de fuera. Se aprecia que se siente cómodo con la idea de que hay una única solución para cada problema.
Alumno 5: Este estudiante asume que el profesor está en posesión de la verdad y que ésta le es transmitida a los alumnos sin que puedan cuestionarla. Se encontraría en el nivel 1, pues no acepta que puedan existir respuestas alternativas. Su estilo retórico es simplista.
MULTIPLICIDAD
Alumno 8: Aquí, estimo que el individuo se encuentra en una fase a caballo entre el dualismo y la multiplicidad. Comienza a tener en cuenta el valor de las preguntas abiertas y la participación en el proceso de enseñanza-aprendizaje y que éste no es sólo una mera transmisión de información.
Alumno 2: Este joven se encuentra ya en un punto en que entiende que las opiniones son relevantes a la hora de responder a una cuestión. Acepta la existencia de diferentes puntos de vista sobre una misma materia y se siente cómodo con las preguntas abiertas. En su descripción, afirma que se esfuerza en buscar evidencias por sí mismo en lugar de acatar sin más lo que el profesor dice.
Alumno 7: Por lo que se aprecia en el fragmento, el sujeto que lo suscribe se encuentra en una fase en la que comienza a indagar por sí mismo en lugar de depender por completo de la figura de autoridad. Entiende el aprendizaje como un proceso más activo y el conocimiento como algo acerca de lo cual siempre podemos investigar más.
RELATIVISMO
Alumno 3: Establece que los valores y el conocimiento dependen de una perspectiva individual, infravalorando aquello que procede de fuentes externas. Además, demuestra un compromiso con un curso de acción propio, lo que evidencia que podría estar en el nivel 6.
Alumno 4: En este caso, el sujeto confiere especial importancia al contexto y a las perspectivas individuales en el conocimiento, desdeñando el papel que la autoridad externa posee en el proceso a favor de una evaluación crítica y personal. Habla, de hecho, directamente de relativismo.
COMPROMISO CON EL RELATIVISMO
Alumno 9: Aquí, pese a su redacción informal, el alumno se muestra comprometido con su ideología personal. Manifiesta un carácter crítico e intenta resolver los conflictos, aunque es consciente de que éstos puede que no se lleguen a solucionar del todo.

Alumno 6: Se trata de un alumno expresando conscientemente su razonamiento. Defiende el compromiso con los valores personales y es capaz de evaluar y reflexionar de forma crítica acerca de las consecuencias de sus decisiones. Admite, además, que existen diferentes opiniones que pueden ser irreconciliables.   

miércoles, 13 de enero de 2016

¿Tiene sentido la Auto-Evaluación?

Esta entrada viene inspirada por un comentario de uno/a de mis profesores/as...

Hablando de la auto-evaluación en clase, cuestionó el sentido de hacerla porque en muchas ocasiones las personas la contestan con una valoración que dista mucho de la realidad. Esto se hace, en su opinión, por saber que hay un profesor que la va a leer y además la va a calificar...por tanto me juego mi nota, es decir, estoy pensando en mi calificación por encima de otras cosas.
Y yo ahora me pregunto ¿qué es lo que de verdad me interesa cuando me evalúo?

El lunes estuvimos tratando este tema en clase. En mi opinión, si entre tus valores está la honestidad, hagas público o no tu sentimiento, al finalizar una auto-evaluación serás capaz de saber si efectivamente has aprendido algo de los contenidos de la asignatura (o de cualquier cosa por la que te estés evaluando) o, por el contrario, no has aprendido nada. Simplemente a esta conclusión tienes que llegar, otra cosa es lo que hagas luego .
Puede que esta información no te importe, puede que pienses que te van a suspender por ello o aprobar, o puede que pienses ¿qué me falta por aprender?, ¿cómo puedo mejorar y "ponerme al día"?.

En mi caso la auto-evaluación sirvió para esto último, comprobé cuanto había aprendido y cuánto no, y encima lo que no sabía me resultaba interesante y me ocupé de buscarlo y mínimo releerlo (muy por encima lo reconozco, pero sí lo hice).

En definitiva, y en mi opinión, la auto-evaluación sí tiene sentido, más allá de las decisiones que se tomen después.  Lo importante es conocer cuantó interés has mostrado, por qué no has llegado a todo, o cuánto has aprendido.

Nada más, espero no haberos aburrido....=)

martes, 12 de enero de 2016

"Una buena clase" - De menor a mayor complejidad

Buenos días a todos.
La verdad es que si el término "complejidad" ya genera controversia y causó ayer tarde bastantes discrepancias dentro de mi grupo de discusión y también entre otrxs alumnxs de la clase, la cuestión de qué consideramos buena/mala clase y sobre todo, por qué, puede levantar aún más ampollas. Si me propusiera responder a la pregunta que planteaba David en el comienzo de su entrada (qué es para mí una buena clase) me temo que no acabaría de encontrar una respuesta que me satisficiera lo suficiente como para darle a "publicar".
La propuesta de categorizar las aportaciones reales o imaginarias de otros que viven una situación similar a la nuestra resulta una tarea mucho más factible y cómoda, aún sin haberse desprendido de la complejidad intrínseca en ella.
 Así pues, tras leer las narrativas de los 9 alumnxs -y sin haber revisado las categorías que han establecido mis compañerxs antes que yo, para evitar que me influyan en sus percepciones- ordenaré de menor a mayor complejidad cada una de sus ideas:

 Complejidad baja: Alumno 5: “Me gusta escuchar , sólo me siento y tomo notas a partir de unas transparencias. El material está justo ahí. Y si tienes un problema puedes preguntárselo y el te lo explica. Lo oyes, lo ves y entonces lo anotas.” Es la idea de clase más sencilla que existe (digerir sin masticar) y al mismo tiempo, en mi opinión, la menos buena ya no sólo para el alumno, que no verá de modo alguna contribución de ella en su desarrollo, sino también para el profesor que habrá fracasado como docente.

Complejidad baja: Alumno 1: "La mejor clase que he tenido recientemente era sobre Historia. Era divertida para miporque el profesor nos ayudaba a esquematizar su clase. Todos sabíamos lo que esperaba de nosotros. Su manera de calificar era la misma que el resto de los profesores. Tenía el control de su clase. Los estudiantes se llevaban bien con él y pasaban un tiempo de aprendizaje interesante. Siempre sabíamos lo que teníamos que estudiar y lo que esperaba de nosotros. Su tono de voz no era nunca monótono y su aspecto siempre era brillante. Era genial y fácil llevarse con él." Este alumno quizá priorice sus expectativas, lo que cree que los demás esperan de él y las valoraciones de su aprendizaje que realizan los profesores que su propia percepción evaluativa. Creo que sería el tipo de alumno al que una autoevaluación como la que propuso David generaría una gran incomodidad o descontento.

Complejidad baja: Alumno 2: “Las discusiones en clase son mejores para aprender. Tienes una lección abierta, donde escuchas al profesor. Entonces los estudiantes pueden contribuir. Escuchar a otros estudiantes contribuir con sus ideas y tomar mis propios apuntes, me facilita el aprendizaje porque me hace pensar más sobre qué haría en esa situación.” En este caso se introduce la aportación de los demás y la capacidad de escucha y reflexión. Pero a pesar de eso, la complejidad en el proceso de aprendizaje sigue siendo baja porque se mantiene la idea de "tomar apuntes", de materializar en palabras ideas y conceptos que trascienden lo meramente semántico.

Complejidad media: Alumno 8: “El debate y la discusión son interesantes, aprendo mucho porque recuerdo las preguntas. Y supongo que aprendo más cuando me siento y me fuerzan a levantar la mano para hablar. Tengo que estar sentado y pensar en el tema. Aprendo mejor que en una clase tomando apuntes, eso es regurgitación.” Siguiendo la línea del alumno anterior, este complica levemente el aprendizaje en el momento en que reconoce que regurgitar no contribuye de modo alguno a aprender, pero falla, desde mi punto de vista, al esperar la llamada del profesor. Esa sensación de "participación obligada" aporta poco valor a la comunicación efectiva en el aula...y al desarrollo cognitivo del alumno.

Complejidad media: Alumno 4: “Todo es relativo, no hay verdad en el mundo. Así que decidí que la única persona de la que puedes depender eres tú mismo. Cada individuo posee su propia verdad. Nadie tiene derecho a decidir (por ti).” Sin duda este alumno tiene las cosas claras y eso es, ya de por sí, suficientemente difícil. La complejidad aumenta cuando cierra las puertas a que otras "verdades" entren en discusión y se establezca un verdadero debate de opiniones (y no una lucha de "verdades"). Hay muchas cuestiones que, desde mi honesta opinión, este alumno debería revisar...

Complejidad media: Alumno 3: “Escucho los argumentos a favor, entonces escucho los que están en contra. Entonces entra sólo mi propia perspectiva, si puedo establecer credibilidad. Los demás me influyen, como todos los miembros de un grupo son influidos entre sí. Pero al final tienes que priorizar lo que piensas tú.” Este alumno, a diferencia del anterior, introduce la tolerancia en el debate, lo cual supone una complejidad añadida, aunque en efecto sigue careciendo de la distancia necesaria de sus propias concepciones y de la importancia de la influencia externa o incluso de la pregnancia o de cómo percibir realidades de manera diferente, de crear opiniones nuevas.

Complejidad alta: Alumno 7: “Me gusta implicarme en la clase. No sólo respondiendo preguntas, también preguntando. Incluso si piensas que lo sabes todo, todavía hay preguntas que hacer. Cuando él pregunta, puedes tratar de responderlas lo mejor posible. No dejes que el profesor sólo hable, haz que te pregunte.” Este alumno tiene una disposición muy favorable hacia lo que yo podría considerar un buen aprendizaje (la capacidad de reconocer que no se sabe todo y la eterna cuestión pendiente encaminan al individuo hacia un aprendizaje pleno y efectivo. Sólo le falla algo, a mi juicio, y es, de nuevo, la apelación al profesor y el protagonismo otorgado a su figura. "Hacer que el profesor te pregunte" no sirve más que para reafirmar al alumno como "receptor" en el proceso comunicativo de la enseñanza y es una cuestión que no comparto del todo.

Complejidad alta: Alumno 9: “Yo me considero conservador, y otro tío del grupo es bastante liberal. Me dio otra perspectiva sobre la que pensar esto. Él lo veía de una manera y yo de otra. Había que escuchar, de verdad, no sólo oir y dejarlo pasar. Tenerlo en cuenta y tomar una decisión. El tema no era convencer a los otros, ni que tu punto de vista es correcto, sino que tienes que considerar otros porque son relevantes.” Este alumno empieza a situarse en un nivel de complejidad notable. Olvidarse de la persuasión y centrarse en la comunicación como modo de compartir ideas y opiniones. Reflexionar sobre lo que uno piensa y también sobre lo que piensan los demás, permaneciendo siempre dispuesto a poner en cuestión las ideas preconcebidas y las propias percepciones de la realidad. La tolerancia y la apertura de puertas (con su cauce abierto tanto de entrada como de salida) es el primer paso hacia una "buena clase" o un "buen entendimiento" de lo que es aprender.

Complejidad alta: Alumno 6: “Cuanto más descubres sobre ti, más seguro te encuentras, lo que conduce a una mayor autoconfianza, porque estás cómodo contigo mismo. Estoy más dispuesto a expresar mis ideas y buscar ocasiones donde expresarlas. No tengo miedo de estar dispuesto a decirlo porque es lo que siento… Y considero que también tiene que ver con ser consciente de ti mismo, porque te das cuenta que no importa si otras personas están de acuerdo contigo o no. Puedes pensar y formular ideas por ti mismo, y en último caso, eso es lo que importa. Tienes una mente y la puedes usar. Puedes construir una opinión, y eso es más importante que la opinión en sí. Éste es el tipo de autoconfianza y autoconocimiento.” Creo que este alumno es el que mejor ha entendido el aprendizaje y el que, sin ningún lugar a dudas, mayor provecho extraerá de él. Lejos de dogmatizar, creo que sería un perfecto modelo a seguir y creo que el "tipo" de alumno deseado por cualquiera de nosotros, futuros profesores. Más allá de ello, podría corresponder también al "tipo" de profesor que todos deberíamos conseguir llegar a ser y por extensión, de persona. Pero no es fácil, de ahí el máximo nivel de complejidad. Llegar hasta aquí supone quizá haber pasado previamente por todos los niveles anteriores, es decir, llegar a ser el alumno número 6 quizá implique haber sido antes el alumno 5, 1, 2, 8, 4 , 3, 7 y 9, esto es, un viaje, un proceso, que en el fondo, es lo que es el aprendizaje.


domingo, 10 de enero de 2016

Una buena clase

Una buena clase - Organización de los alumnos según la complejidad de su idea de aprendizaje y enseñanza. 



Tras darle muchas vueltas, aquí está la organización que he establecido. Veo que difiere bastante de la de mis compañeros Alberto y Teresa, lo cual es bastante interesante porque quiere decir que cada uno probablemente hemos atendido a detalles distintos en la descripción de los alumnos. 
Como Alberto decía en su entrada, lo relevante de este ejercicio que nos plantea David no es tanto si coincidimos o no, como determinar qué criterio hemos seguido cada uno para configurar nuestra lista y por qué se dan esas diferencias en el orden que hemos elaborado. 

Respondiendo primero a la pregunta de David sobre qué es lo que se va haciendo más complejo de una a otra forma de entender el aprendizaje, en mi opinión diría que se trata de la capacidad de los distintos alumnos de contemplar las ideas de los demás como parte del propio proceso educativo. Creo que la diferencia entre unas y otras formas de comprenderlo reside precisamente en la capacidad más o menos desarrollada de considerar, incluso llegando a integrar las opiniones de otros -distintas, contradictorias a las de uno- si refutan las propias, asumiendo un papel activo, concibiendo el debate y la interacción con otros (ya sean los profesores o los compañeros) como campo de trabajo. 

Pues bien, dejo a continuación la organización a la que he llegado, por orden de menor a mayor complejidad de su manera de entender lo que es aprender y enseñar:


  • Alumno 4: El planteamiento del Alumno 4 es el más simple, ya que prefiere quedarse con “su verdad” en lugar de hacer el esfuerzo que implica considerar otras opciones. No acepta otras opiniones como posibles, ni siquiera si provinieran de una cierta “autoridad” que puediera estar representada por el profesor, como ocurre con otros alumnos.(Es cierto que la concepción de este alumno, me presentaba problemas a la hora de resolverlo, de modo, que no estoy 100% convencida. Por un lado como digo, no ve como opción ninguna otra opinión más que la suya, pero a la vez, ya está asumiendo que aprender no es exclusivamente ir a clase y sentarse para anotar lo que le digan – al menos está poniendo en entredicho que lo que le vayan a decir en clase sea verdad absoluta o no.)

  • Alumno 1: El alumno sabe lo que se espera de él y está cómodo en esta situación de hacer lo que se le dice sin cuestionarlo. Valora parte de su experiencia educativa en su relación con el profesor.Para mí, el Alumno 1 condiciona en parte la valoración de su experiencia educativa al hecho de llevarse bien con el profesor, lo que puede estar condicionado a su vez por un mero gusto personal y no por un criterio objetivo. Creo que saber lo tiene que estudiar y lo que se espera de él en todo momento le puede situar en una zona de confort que no le invite a salirse de ese esquema. El planteamiento de clase no parece tan abierto en tanto que parece muy estructurado. Esto puede ser positivo, porque el alumno sabe qué tiene que hacer para sacar la asignatura adelante y no sufre frustraciones por los imprevistos, pero por otro lado, tal vez le fija demasiado los límites en los que moverse, o desarrollar inquietudes que pudieran darse en un planteamiento que esté más abierto a salirse de su esquema inicial. Esta manera de entender lo que es aprender o enseñar es menos compleja que otras, ya que asume el papel del alumno como sujeto pasivo al que se es dicho lo que hay que hacer y hacia dónde encaminar sus esfuerzos, sin considerar si esto es lo que al propio alumno interesa o preocupa. El alumno ni siquiera se plantea otras posibilidades frente a la que vive.También me parece una situación más cómoda para el profesor, quien no se tiene que preocupar de la espontaneidad y la improvisación que implican las preguntas abiertas de los debates (y la tensión que puede generar el desconocimiento de lo que surge) o las clases abiertas, sino que se mueve dentro de la zona que conoce.

  • Alumno 5: El planteamiento simplista que este alumno tiene de lo que es enseñar y aprender es prácticamente igual al anterior, ya que hace estrictamente lo que le dicen, sin mayores implicaciones. Entiende que aprender es ir a clase, escuchar y anotar lo que le dicen, tan simple como, en sus propias palabras, sentarse y tomar nota. Esta manera de entender la enseñanza y el aprendizaje supone que el alumno sea un sujeto pasivo que no cuestione nada de lo que se le dice, y que por tanto, sea un mero receptor de información que no se implique en el debate porque no lo ve como opción. Con respecto al anterior, al menos concibe la posibilidad de preguntar, de interactuar con el profesor si le surge alguna duda.

  • Alumno 3: Se deja influir por otros comentarios pero al final, es su propia opinión la que es válida.Tiene una actitud más abierta con respecto a los anteriores, ya que está abierto a escuchar y dejarse influir mínimamente; sin embargo, considera que su opinión es finalmente la que hay que priorizar.Este planteamiento es algo más complejo que cerrarse a escuchar a los demás como en el caso del alumno 4, pero aún no lo suficiente como para que el alumno sea capaz de rebatir su propia opinión tras reflexionar con los argumentos de los demás.

  • Alumno 2: El Alumno 2 considera que discutir y participar mejora el aprendizaje. Concibe la clase abierta a las preguntas y la contribución de todos los miembros del grupo como beneficiosa. Entiende la contribución de los otros estudiantes como positiva para sí mismo. Se trata de un planteamiento más complejo, ya que asume un papel pensante y no simplemente de receptor. Este planteamiento asume un papel más activo del alumno en comparación con aquel que se conforma con hacer lo que le es dicho o impuesto. Sin embargo, este alumno no contempla la posibilidad de entrar en la discusión por sí mismo.

  • Alumno 9: Desde el anterior (alumno 2) a este, vemos un paso más en el nivel de complejidad con que concibe el proceso de enseñanza-aprendizaje. Entiende que este proceso implica saber escuchar e incluso considerar los argumentos de otros para tomar decisiones (de modo que se deja influir más que los alumnos 3 y 2). De hecho, considera perspectivas que son bastante contrarias a las suyas, pero asume que son relevantes, que hay verdad en ellas, y que en una clase no basta con imponer tus propias ideas. No sólo le hacen pensar los argumentos de sus compañeros (como en el caso del alumno 2) sino que además, son influyen en sus decisiones.


  • Alumno 8: “El debate y la discusión son interesantes, aprendo mucho porque recuerdo las preguntas. Y supongo que aprendo más cuando me siento y me fuerzan a levantar la mano para hablar. Tengo que estar sentado y pensar en el tema. Aprendo mejor que en una clase tomando apuntes, eso es regurgitación.”Implica un nivel mayor de complejidad en cuanto que, con respecto al alumno anterior (9) contempla la posibilidad de levantar la mano y entrar en la discusión. Es más, no sólo habla de discusión (como el 2) que es más abrupta, sino también de debate, lo que implica más organización -escuchando a todos los participantes sin imponer una idea-, y la búsqueda de una conclusión. Entiende que ir más allá de considerar y pensar, es decir, hablando y contribuyendo activamente, aprende más.

  • Alumno 6: Autoconocimiento y autoconfianza para construir pensamientos y opiniones, sin miedo a exponerlas a otra gente. Consideración de la libertad de expresión y de la capacidad de pensar más importante que la opinión en sí.Creo que la concepción del alumno 6 representa un grado bastante alto de complejidad y sobre todo de madurez, en tanto que concibe el aprendizaje como un descrubrimiento de uno mismo y por tanto, una reafirmación o concepción integral de sus ideas. El proceso de construcción de su identidad es lo que le da confianza, poniendo como más importante la propia capacidad de pensar y expresarse libremente que la opinión en sí.

  • Alumno 7: Este creo que es el planteamiento más complejo de los recogidos en la lista. El alumno contempla la posibilidad de lo imprevisto, de lo que surge sobre la marcha, en un debate o conversación en la que no sólo escucha sino también contribuye, y no sólo con opiniones sino con preguntas, lo que implica una mayor reflexión de lo que se escucha. Sale de su zona de confort donde se limita a hacer lo que le dicen y a permanecer sentado en clase transcribiendo todo lo que le dictan, para entrar en una situación donde tiene que pensar, reflexionar y probablemente haber preparado previamente sus argumentos, así como aceptar la posibilidad de tener que continuar después trabajando para fortalecer sus razonamientos.
La forma en que se concibe el aprendizaje y por tanto la enseñanza es algo así como una relación recíproca, en la que todas las partes (profesor y alumnado) opinan, discuten, preguntan y escuchan en igual medida. De hecho, en su nivel de madurez, acepta que siempre hay más cosas que aprender, lo que le sitúa en una posición humilde desde la que sabrá escuchar y aceptar que hay otros que pueden tener mejores razones de peso o argumentos en un tema. Finalmente, el alumno 7 entiende la participación y las preguntas como un reto: "Cuando él pregunta, puedes tratar de responder lo mejor posible", lo que le lleva a superarse a sí mismo. 




Esta última manera de concebir el proceso enseñanza-aprendizaje es con el que más me identifico (también con el que representa el alumno 6) de los que se presentan.


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Eso es todo. Espero que tenga sentido para alguno de vosotros.